Por Avelino Zurro.
José Oriani en su libro "Generalidades sobre el Boxeo" contó cuál fue el primer combate de boxeo en nuestro país y donde sucedió.
"El primer match de box en nuestro país, lo protagonizó Ernesto Newbery con otro argentino, Alejandro Rosa, en el sótano de la calle Juncal y Artes, en ring primario de una cuerda que la sostenían los concurrentes.
Ernesto Newbery se dedicó, desde luego honorariamente, a dar lecciones a sus amigos ya sea en su propia casa o en la quinta del doctor Delcasse que aún existe en Belgrano en la calle Cuba y Arcos donde tiene su sede el Cercle L éppe.
Corresponde rendir el merecido homenaje de admiración y reconocimiento a nuestro deportista máximo, Jorge Newbery, arquetipo de la hombría de bien, magnifico adalid de la juventud, quien a su llegada a Buenos Aires, de regreso de un largo viaje de estudio, fue quien le diera un valioso impulso a la vida deportiva de nuestra Capital y especialmente al boxeo.
Newbery realizó diversos combates y exhibiciones, con aficionados locales que se iniciaron a su vera, y al influjo de su vigorosa personalidad, lo mismo que con marineros ingleses y americanos que llegaban a nuestras playas en buques de esas banderas. Estos púgiles, hacían su práctica aquí, en el viejo local de la Sailors Missions de la calle San Juan, próximo a Paseo Colón.
Algunos deportistas superstites de época, deben recordar con nostalgia, las veladas de boxeo que se realizaban en esa entidad, promovidas principalmente por el famoso y reverenciado Canon Brady.
Recuerdo como dato pintoresco, que al final de los encuentros y exhibiciones en la mencionada Missions, se pasaba el sombrero entre los concurrentes para recoger donaciones, destinadas a los participantes foráneos del espectáculo.
A veces, como final de fiesta, subían al ring varios muchachones, precarios cultores de este nuevo deporte en el país, se les vendaban los ojos y realizaban escenas de pugilatos entre ellos, que se denominaban la pelea ´del gallo ciego´, en medio de las carcajadas y la complacencia de la concurrencia, que arrojaba monedas no como ahora, en señal de desagrado o protesta, sino como obolo para los que protagonizaban este risueño espectáculo.".