Por Avelino Zurro.
El 30 de marzo de 1984 se enfrentaron Marvin Hagler y Juan Domingo 'Martillo' Roldán por el título mundial de los medianos de la AMB, CMB y FIB.
Supervisados por la Asociación Mundial de Boxeo el combate fue pactado a quince rounds y con guantes de diez onzas de la marca mexicana Cleto Reyes.
Primero subió Roldán y minutos después lo hizo Hagler. El Himno Nacional Argentino quedó a cargo de María Marta Serra Lima que estaba de gira por Las Vegas.
En su biografía 'Destino y Honor' Juan Domingo Roldán contó lo siguiente sobre el combate:
'Fue el 30 de marzo del 84, en el Hotel Riviera de Las Vegas y perdí por KO técnico en el décimo round. Llegué preparado como nunca, lo tuve al borde del nocaut pero se me escapó. Yo había comenzado realmente bien; creo que hasta el propio Hagler se vio sorprendido, porque pensaba que yo saldría a tirar piñas a lo loco, y fue todo lo contrario, me planté y fui al frente sin descontrolarme. Fueron dos peleas en una, del primero al tercero, y otra, del cuarto en adelante.
La caída la recuerdo como si fuera hoy. En el primer asalto, hice cintura y cuando se me vino encima, lo volteé con un cross zurdo a la cabeza. Después en el segundo, le pegue una paliza bárbara.
Él no entendía nada pero era muy vivo ya que en el tercero me metió un dedazo en el ojo derecho, que enseguida se me cerró definitivamente. No veía nada y él giraba para ese lado y me pegaba repetidamente en esa zona. Me lo hizo a propósito, pero era una estrella y en Estados Unidos no lo iban a descalificar por eso.
En el cuarto y en el quinto lo golpeé con todas mis fuerzas, pero fue como si lo estuviese acariciando. Él entero y con los dos ojos, y yo, con uno y encima lastimado. Igual, en el sexto le pegué un directo de derecha y lo hice ver las estrellas, pero se la bancó. Si no abandoné antes es porque Lectoure me animaba. En el décimo me quedé sentado, porque estaba aturdido y ya no tenía sentido seguir.
Yo tenía una meta para esa pelea y no la pude cumplir, la verdad es que Hagler era un monstruo. Fue una pelea difícil pero no imposible. De no haber existido ese maldito dedo en el ojo el resultado hubiera sido otro.
Yo le decía:' No quiero más Tito, no quiero más'. Él no me hacía caso y me mandaba a pelear en el centro del ring. Me hablaba de mi familia, me decía que pensara en mis hijos, en el campeonato del mundo, oí que algo me decía de Galíndez…y yo seguí hasta que ocurrió lo inevitable, porque había llegado al límite total, ya no podía más. Sentí que era inútil y me dejé caer. De todas maneras, creo haber estado a su nivel'.
Fuente: 'Destino y Honor'. Biografía autorizada de Martillo Roldán. Carlos Cornaglia. Año 2009.